top of page
Buscar

Vive Latino en el GNP: música, memoria y una nueva etapa

Actualizado: 23 mar

El 14 y 15 de marzo, el Estadio GNP Seguros se convirtió en el nuevo hogar del Vive Latino, un festival que, después de más de dos décadas, sigue reuniendo generaciones enteras alrededor de la música.


El festival sigue siendo un punto de encuentro para quienes han crecido con él, para quienes regresan cada año y para quienes apenas lo descubren.


Y este año, con un cambio importante de sede, la experiencia se sintió distinta.


Un nuevo espacio, nuevas dinámicas



El Estadio GNP ofreció algo que muchos asistentes agradecieron: la posibilidad de sentarse.

Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. Después de 25 ediciones, el público del Vive Latino también ha cambiado. Hay quienes han estado ahí desde el inicio, y tener un momento para descansar entre bandas se vuelve un valor importante.


Al mismo tiempo, el recinto trajo nuevos retos. La movilidad entre escenarios se volvió más compleja de lo esperado. Trasladarse de un punto a otro podía tomar entre 15 y 20 minutos, lo que afectaba directamente la planeación de a quién ver y cuándo hacerlo.


El festival funcionó, sí. Pero también dejó claro que este nuevo formato aún tiene espacio para ajustarse.


Momentos Indio: una idea potente que puede crecer



Uno de los elementos más interesantes del sábado fueron los Momentos Indio, una propuesta que introduce el factor sorpresa dentro del festival.


La dinámica resultó atractiva desde la idea, pero la ejecución dejó áreas de oportunidad. La falta de información clara sobre lo que estaba ocurriendo —qué artistas participaban, cuánto duraban las intervenciones o en qué consistía exactamente cada bloque— generó cierta desconexión en algunos asistentes.


Aun así, hubo momentos que lograron destacar, como las interpretaciones colectivas que rindieron homenaje a bandas icónicas.


Es un formato con mucho potencial que, con mayor comunicación, puede convertirse en uno de los sellos más distintivos del Vive Latino.



Música para mandar a volar: un cambio generacional



Uno de los momentos más comentados del fin de semana fue “Música para mandar a volar Vol. 2”, un espacio que reflejó claramente cómo ha evolucionado el festival… y su público.


Durante años, el Vive Latino fue sinónimo de una energía mucho más rígida en cuanto a géneros. Hoy, esa apertura es evidente. Ver a artistas como Amanda Miguel, Danna Paola, Mijares, Emmanuel y Paulina Rubio en un mismo espacio fue una muestra clara de ese cambio.


Especialmente significativo fue el recibimiento hacia Amanda Miguel, quien fue ovacionada por un público que entendió perfectamente el peso de su trayectoria. Ese tipo de momentos hablan de un festival que ya no se limita, sino que abraza distintas generaciones y formas de entender la música.


El contraste con ediciones pasadas es evidente. La conversación ya no gira en torno a qué “pertenece” o no al festival, sino a lo que logra conectar.


Seguridad y sensación de acompañamiento



Dentro de un evento de esta magnitud, la percepción de seguridad es clave. Durante el festival, hubo momentos donde la presencia de personal de seguridad se sintió limitada, tanto dentro como fuera del recinto.


Aunque las situaciones que surgieron fueron atendidas con rapidez, hubo lapsos donde no era fácil identificar a quién acudir en caso de necesitar apoyo. Esa sensación, aunque momentánea, influye directamente en cómo se vive el festival.


Son detalles que no definen toda la experiencia, pero sí marcan cómo se siente estar ahí.



Lo que se vivió en el escenario


Más allá de la logística, la música volvió a ser el corazón del Vive Latino.


El sábado dejó momentos muy sólidos. Juanes se posicionó como uno de los actos más destacados del día, seguido por la energía de Enjambre y la presencia festiva de Los Askis, además del empate entre Carlos Sadness y La Maldita Vecindad, quienes mantuvieron al público completamente conectado.



El domingo tuvo una energía distinta, pero igual de potente. Fobia encabezó las preferencias del día, seguido por Tom Morello, cuya presencia aportó peso internacional. También destacaron Steve Aoki, Los Fabulosos Cadillacs, Allison y Avatar, completando un día diverso en sonidos y estilos.




Un festival que sigue evolucionando


El Vive Latino sigue siendo un espacio donde convergen generaciones, géneros y formas de vivir la música. Su esencia permanece, incluso cuando el entorno cambia.


Esta edición dejó momentos memorables, pero también abrió conversaciones necesarias sobre logística, comunicación y experiencia del público.


Y eso también forma parte de su historia.


Porque un festival que ha durado más de dos décadas no se mantiene igual: se transforma, se ajusta y sigue encontrando nuevas formas de conectar con quienes lo viven año con año.


Fotografía: Michell Tirado

 
 
 

Comentarios


bottom of page