Muerdo en CDMX: un concierto que se convirtió en encuentro colectivo
- Andrea Cardoso

- 9 abr
- 2 Min. de lectura
Como en varias ocasiones ha ocurrido la noche empezó sin grandes expectativas y, poco a poco, fue tomando forma hasta convertirse en algo mucho más especial de lo que uno imaginaba.
Así se vivió la presentación de Muerdo en la Ciudad de México, un concierto que fue creciendo con cada canción, con cada invitado y con cada momento compartido sobre el escenario.

Lo que parecía un show más, terminó siendo una experiencia construida entre muchas voces.
¿Quién es Muerdo?

Muerdo es el proyecto musical de Paskual Kantero, un cantautor originario de España que ha construido su carrera a partir de canciones íntimas, letras sensibles y una mezcla de sonidos que se mueven entre el folk, el pop y ciertas influencias latinoamericanas.
Su estilo conecta desde lo emocional. No busca lo espectacular, sino lo cercano. Y eso, en vivo, se siente aún más claro.
Un escenario que no dejó de abrirse
Uno de los elementos más llamativos de la noche fue la cantidad de invitados que se fueron sumando.
Por el escenario pasaron artistas como Marisol Hernández, cuya voz aportó fuerza y presencia; Erik Canales vocalista de Allison, que conectó especialmente con el público; y Lengualerta, con un estilo entre rap y reggae que aportó una energía distinta.



También participaron proyectos como Barbie Williams, El Riqué, Mulu y Tufic, ampliando aún más la diversidad del concierto.




Algunos momentos destacaron más que otros, pero en conjunto construyeron algo interesante: un show que nunca se quedó estático y que apostó por sumar voces constantemente.
Una identidad que se mantiene

A pesar de la cantidad de colaboraciones, el concierto nunca perdió su centro.
Las canciones de Muerdo mantuvieron una línea clara: melodías emotivas, letras que invitan a escuchar con atención y una sensibilidad que se sostiene incluso cuando el escenario se llena de más personas.
Su estilo, cercano al de los grandes cantautores, funciona precisamente porque no depende de lo espectacular, sino de lo honesto.
Y eso logra mantenerse incluso dentro de un formato tan compartido.
El público como parte esencial
Si algo terminó de darle forma a la noche, fue la respuesta del público.
Cada canción era coreada, cada momento encontraba eco en la gente. No se trataba solo de escuchar, sino de acompañar.
Esa conexión hizo que todo fluyera con naturalidad, incluso en un concierto con tantos cambios y participaciones.
Una noche que eligió compartir
El concierto de Muerdo dejó una sensación clara: lo importante no era cuántos estaban sobre el escenario, sino lo que se construía entre todos.

Sí, fueron muchos invitados. Más de los que normalmente se esperan.
Pero en lugar de sentirse saturado, el show encontró una forma de integrar cada momento dentro de una misma idea: la música como un espacio que se abre, que se comparte y que crece cuando deja entrar a otros.
Y en ese ir y venir de voces, el concierto terminó encontrando su propia esencia.
Fotografía: Michell Tirado



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