AC/DC en CDMX: una noche donde el rock se sintió eterno
- Andrea Cardoso

- 9 abr
- 2 Min. de lectura
Estar frente a AC/DC no se parece a nada más. No importa cuántos conciertos lleves encima, ni cuántos escenarios hayas pisado antes; el momento en el que las luces bajan y sabes que están a punto de salir, algo cambia.
Se siente emoción, incredulidad… y esa sensación rara de preguntarte si de verdad está pasando.

La primera fecha de AC/DC en la Ciudad de México tuvo exactamente eso: una energía que no se explica fácil, pero que se queda desde el primer segundo.
El peso de estar ahí
Desde antes de que iniciara el show, el ambiente ya tenía otra vibra.
La expectativa no era normal. Se sentía en la gente, en la forma en la que todos esperaban, en ese silencio previo que no es silencio… es emoción contenida.
Esta fue la tercera visita de AC/DC a México, y aun así, la sensación no fue de repetición, sino de momento único.
Un inicio sin rodeos

El concierto arrancó con fuerza, sin pausas, sin construcción lenta.
En las primeras canciones ya estaban sonando himnos como “Thunderstruck” y “Back in Black”, dejando claro desde el inicio que la noche iba en serio.
No hubo tiempo para acomodarse.
Desde el primer bloque, el público ya estaba completamente dentro.
Angus Young: pura energía

Ver a Angus Young en vivo es una experiencia en sí misma.
Más allá de lo icónico que representa, lo que realmente sorprende es su energía. No se detiene. Corre, salta, toca con una intensidad que se mantiene constante durante todo el show.
Y no es nostalgia.
Es presencia real, de la que se siente en el cuerpo.
Una banda que no falla

El resto de la banda sostiene todo con una solidez impresionante.
La base rítmica es precisa, firme, y la voz mantiene ese sello rasposo, potente y completamente reconocible que define a AC/DC desde hace décadas.
No hay necesidad de reinventar nada.
Todo suena como debe sonar.
Un espectáculo que acompaña

La producción acompañó el show sin robarle protagonismo.
Pantallas, luces y visuales fueron construyendo una experiencia que crecía junto con cada canción. Y hacia el final, la pirotecnia terminó de elevar el momento a algo mucho más grande.
No era exceso.
Era parte del lenguaje del show.
El mar de cuernos rojos

Uno de los detalles más memorables fue el público.
En lugar de los típicos accesorios luminosos variados, aquí dominaban los clásicos cuernos rojos.
Y no eran pocos.
Prácticamente todo el recinto estaba iluminado por ellos, creando una imagen que acompañó perfectamente canciones como “Highway to Hell”.
Era visualmente impactante… pero también muy simbólico.
Una noche que se queda
La presentación de AC/DC en la Ciudad de México no necesitó invitados ni momentos externos para destacar.
Todo lo que pasó en el escenario fue suficiente.
La energía, la ejecución y la conexión con el público construyeron una noche que se siente completa, intensa y muy difícil de repetir.
Un recuerdo inolvidable… de esos se quedan contigo mucho tiempo después.
Fotografía: Michell Tirado



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