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Pulse of the Moon: cuando Pink Floyd se transforma en experiencia

Algunas canciones llevan tantos años acompañando a distintas generaciones, que escucharlas en un formato nuevo puede cambiar por completo la forma en que las entendemos. No porque dejen de ser las mismas, sino porque encuentran otra manera de tocarte.



Eso fue justamente lo que ocurrió el pasado 31 de marzo de 2026, cuando el Auditorio Nacional recibió Pink Floyd Sinfónico Vol. II: Pulse of the Moon, un espectáculo que retoma la obra de la legendaria banda británica para llevarla a un terreno mucho más amplio, solemne y emocional.


Con más de dos horas de duración, la noche propuso algo más que un homenaje: una reinterpretación cuidada, poderosa y visualmente envolvente de un repertorio que sigue encontrando nuevas formas de vivir sobre el escenario.


¿Qué es “Pulse of the Moon”?




El proyecto está liderado por Pulse of the Moon, una agrupación mexicana que desde hace años rinde tributo a Pink Floyd, llevando su música a escenarios con una producción cada vez más ambiciosa.


En este volumen II, el concepto crece.


No se trata solo de tocar canciones conocidas, sino de reconstruirlas a través de una orquesta sinfónica completa, coros y una producción visual que acompaña cada momento del concierto.


El resultado: una experiencia que mezcla el rock progresivo con la música clásica, generando una textura sonora completamente distinta a la original.


Un repertorio que ya es parte de la historia


El corazón del espectáculo está en las canciones.


Porque sí, hablamos de clásicos que han marcado generaciones:

“Comfortably Numb”, “Wish You Were Here”, “Time”, “Shine On You Crazy Diamond” o “Another Brick in the Wall”, reinterpretados con arreglos que amplifican su carga emocional.


Aquí no se busca copiar.


Se busca traducir.


Y en ese proceso, las canciones toman otra forma: más amplia, más profunda, más cinematográfica.


Una ejecución impecable




Algo que se percibe desde los primeros minutos es el nivel musical.


Entre la banda tributo, la orquesta y los coros, el escenario se llena de talento. Más de 30 músicos en escena construyen una atmósfera que no depende de un solo elemento, sino del equilibrio entre todos.


Y eso se nota.


Todo está bien ejecutado, bien cuidado, bien pensado.


Incluso para quienes no son fans clavados de Pink Floyd, el espectáculo funciona por sí mismo.


Una experiencia visual y emocional



Parte fundamental del show está en lo visual.


Las luces, los colores y los visuales acompañan cada canción generando una sensación inmersiva que va más allá de lo auditivo.


Hay momentos que se sienten grandes, envolventes, casi como si la música se expandiera por todo el recinto.


Y ahí es donde el concierto encuentra su mayor fuerza: en la capacidad de hacerte sentir dentro de algo más grande que solo un escenario.


Una experiencia que conecta más allá del fan


Quizá lo más interesante de la noche es que no necesitas ser fan absoluto de Pink Floyd para disfrutarlo.


Claro, quienes conocen cada canción probablemente viven el concierto desde otro lugar.


Pero incluso desde una escucha más abierta, el show logra sostenerse por su calidad, su propuesta y la manera en la que transforma la música en algo más accesible, más emocional, más cercano.


Una forma distinta de escuchar lo que ya conocías



Pink Floyd Sinfónico Vol. II no busca reemplazar lo original.


Lo que hace es ofrecer otra puerta.


Una forma distinta de acercarte a canciones que ya existen, pero que aquí se presentan con otra intención, otro peso y otra dimensión.


Y en ese proceso, ocurre algo interesante:

no importa cuánto conocías antes esa música… siempre hay algo nuevo que descubrir.


Fotografía: Michell Tirado

 
 
 

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