Petit Fellas: rap, energía y conexión real en el Lunario
- Andrea Cardoso

- 1 abr
- 3 Min. de lectura
El 26 de marzo de 2026, el Lunario del Auditorio Nacional recibió a una de esas propuestas que no siempre llegan con reflectores masivos, pero que tienen algo más importante: identidad.

Petit Fellas se presentó en un show que terminó convirtiéndose en una experiencia mucho más intensa de lo esperado, incluso para quienes llegaron sin una idea clara de lo que iban a ver.
Y eso es de las cosas sorprendentes de la música: un grupo que aparece sin aviso y se vuelve parte de tu biblioteca musical.
¿Quiénes son Petit Fellas?

Petit Fellas es una banda colombiana que mezcla rap, jazz, funk y sonidos alternativos, creando un estilo que se siente urbano, pero también introspectivo.
Su propuesta va más allá del ritmo: hay una carga lírica importante, con temas que exploran la vida cotidiana, la ciudad, las emociones y la identidad.

Al frente está Nicolai Fella, vocalista que no solo interpreta, sino que conecta desde lo que dice y cómo lo dice; junto a él, la banda construye un sonido que no se encasilla fácilmente, pero que se entiende en vivo.
Una primera impresión que cambia todo
Llegar sin expectativas puede ser un arma de doble filo… o una sorpresa muy grata.
Desde los primeros momentos, el show dejó claro que lo que se viviría esa noche tenía carácter.
Un rap con tintes callejeros, filosóficos y muy honestos comenzó a tomar forma en el escenario, acompañado por una banda que suena sólida y bien ensamblada.
El audio tuvo algunos detalles, pequeños fallos que no llegaron a romper la experiencia, pero que sí se percibieron. Aun así, la energía del show logró sostenerse y, sobre todo, crecer.
Un inicio prometedor

La noche comenzó con More como acto de apertura. Con una voz dulce y una presencia honesta en el escenario, logró captar la atención del público desde el inicio.
Su presentación reflejó esfuerzo, confianza y una conexión genuina con la música, dejando una primera impresión bastante positiva para arrancar la noche.
La conexión con el público
Uno de los puntos más fuertes de la noche fue la cercanía con el público.
En dos momentos distintos, Nicolai bajó del escenario, cruzó las vallas y se adentró entre la gente. No se quedó en la primera fila: avanzó, buscó a quienes estaban más atrás y llevó la música hasta ellos.
Ese tipo de decisiones cambian completamente la dinámica de un concierto. No se siente como un show a distancia, sino como algo compartido.
El resto de la banda también participó activamente, manteniendo una interacción constante que hizo que el ambiente se sintiera vivo en todo momento.
Un setlist con sorpresas

La noche también tuvo momentos inesperados, como un cover de Luis Miguel con “Suave”, reinterpretado desde el estilo de la banda, demostrando su capacidad para jugar con distintos sonidos sin perder identidad.
Pero si algo elevó aún más el concierto, fueron los invitados.
Invitados que sumaron al momento
La lista de colaboraciones sorprendió desde el primer momento.

Primero apareció Miss Ambar, una artista con una voz muy particular que aportó un matiz distinto al show.

Después llegó Tino el Pingüino, uno de los nombres más reconocidos del rap independiente en México, cuya presencia fue especialmente celebrada por el público.

Y hacia el final, uno de los momentos más esperados: la aparición de Denisse Gutiérrez, quien subió al escenario para interpretar la colaboración más conocida de la banda, generando una reacción inmediata.
Cada invitado aportó algo distinto, sin romper el flujo del concierto.
Más allá del escenario
Algo que terminó de redondear la experiencia fue lo que ocurrió fuera del escenario.
Después del show, hubo oportunidad de convivir brevemente con los integrantes de la banda, así como con figuras como Proof, dentro del mismo entorno del evento.
La impresión fue clara: artistas cercanos, accesibles y con una actitud genuina.
Ese tipo de detalles que no siempre ocurren definitivamente hacen mas especial el evento.
Una noche que deja huella
El show de Petit Fellas en el Lunario fue más que un concierto bien ejecutado. Fue una experiencia con momentos, con matices y con una energía que se sostuvo de principio a fin.
Entre letras que conectan, interacción real con el público y colaboraciones bien integradas, la noche logró algo importante: sentirse auténtica.
Y cuando eso ocurre, la música deja de ser solo algo que escuchas… y se convierte en algo que recuerdas.
Fotografia: Michell Tirado



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