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La Sala del Terror: una experiencia donde el cine cobra vida

El terror tiene algo especial: hay historias que se quedan contigo mucho tiempo después de que terminan los créditos.


Personajes, escenas y momentos que se vuelven parte de la memoria colectiva de quienes disfrutan del género.

Ese es el punto de partida de La Sala del Terror, una experiencia inmersiva que se estrenó oficialmente el viernes 13 de marzo en el Foro Moliere, en Polanco —una fecha elegida con bastante sentido del humor para un proyecto dedicado al horror.


Como prensa, tuvimos acceso un día antes de la apertura oficial, y desde el primer momento quedó claro que esto no es simplemente una exhibición temática: es un recorrido construido para que el visitante se sienta dentro de las historias.


El universo de Warner Bros… fuera de la pantalla




Al entrar al espacio, lo primero que recibe a los visitantes son referencias a algunos de los títulos más emblemáticos del terror contemporáneo; Posters, elementos visuales y ambientación recuerdan inmediatamente a cinco películas que sirven como columna vertebral de la experiencia:


  • El Exorcista

  • El Conjuro

  • Annabelle

  • La Monja

  • La Maldición de la Llorona



Antes incluso de comenzar el recorrido principal, el espacio ofrece distintos spots fotográficos inspirados en estas películas, diseñados para que los visitantes puedan capturar imágenes bastante memorables antes de entrar a la parte más intensa de la experiencia.


Terror… acompañado de cócteles



La experiencia también incluye una zona de convivencia donde los asistentes pueden disfrutar cócteles temáticos inspirados en las películas, además de algunos bocadillos.


Es un momento que permite relajarse un poco antes de entrar al recorrido principal… algo que probablemente agradecerás después.



La función inmersiva



El punto más fuerte de La Sala del Terror es lo que los productores llaman “función inmersiva”.


Antes de entrar, los visitantes se dividen en pequeños grupos guiados por acomodadores —una referencia directa a los antiguos cines— que introducen a los asistentes a la historia central.


La narrativa comienza con una pareja dedicada a investigar fenómenos paranormales. Según cuentan, años atrás, cuando El Exorcista se proyectaba en ese mismo cine, ocurrió algo que nunca pudo explicarse del todo: la desaparición del abuelo de uno de los personajes.


A partir de ahí, el recorrido se transforma en algo mucho más intenso.


Sin revelar demasiado, los grupos comienzan a moverse por distintos escenarios donde las fronteras entre película y realidad empiezan a desdibujarse. Los personajes de estas historias aparecen, se acercan demasiado, y el espacio se convierte en un laberinto donde la tensión crece a cada paso.



El recorrido completo dura entre 40 y 45 minutos y se desarrolla en más de 2,000 metros cuadrados diseñados exclusivamente para el terror.


La salida… y un último recuerdo



Después del recorrido, los visitantes llegan a la salida del espacio, que conecta directamente con una tienda de souvenirs donde pueden encontrarse artículos relacionados con las películas y la experiencia.


Es el momento perfecto para recuperar el aliento… y comprobar que todo lo que ocurrió fue parte del recorrido.



Un proyecto enorme detrás del miedo



Detrás de esta experiencia hay un equipo impresionante. Según explica Juliana Rodarte, productora del proyecto, el concepto busca romper las fronteras tradicionales del cine y llevarlo a un formato completamente inmersivo.


La producción reúne más de 200 personas trabajando detrás del proyecto, incluyendo 44 actores encargados de dar vida a los personajes y alrededor de 70 integrantes de la compañía artística.


El resultado es una experiencia que mezcla teatro, tecnología, escenografía cinematográfica y narrativa interactiva.



Una experiencia que realmente se siente


La Sala del Terror logra algo que no es fácil: convencerte por momentos de que estás dentro de esas películas que todos conocemos.


Los guías mantienen la narrativa con precisión, los actores sostienen la tensión en cada escena y los escenarios están diseñados con un nivel de detalle que realmente transporta.


Para quienes disfrutan del cine de terror o simplemente quieren vivir algo diferente en la ciudad, esta experiencia es una recomendación fácil.


Y sí… probablemente te hará mirar dos veces antes de entrar a la siguiente sala.


Fotografía: Michell Tirado

 
 
 

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